La memoria de los sentidos
“El mundo es como aparece ante mis cinco sentidos y
ante los tuyos que son las orillas de los míos”
Miguel Hernández
Abrazos, besos, miradas, caricias, roces…. sonrisas y
más risas y el tacto de tu piel; y tu olor…Ay, Ay, tu olor.
¡Todo, todo, me lleva a ti!
La memoria se pone del revés y lloro la ausencia y
entonces mis sentidos me hablan de carencias, de faltas, de lejanías.
¡Sólo el recuerdo me acaricia ahora!
Quizás
no somos conscientes pero mucha información, por no decir toda, que recibimos
cada minuto que vivimos, pasa por la percepción de nuestros sentidos. De ahí vamos y decimos que...
¡Estoy
sintiendo!
¡Sentimos!
¡Siento!
Todo es
un “sentir” que va dejando información en nuestra mente y que posteriormente se
convierte en recuerdos.
¡Es
esencial la relación memoria-sentidos!
Desde
antes de nacer, ya cuando estamos en el vientre de nuestra madre, percibimos
con nuestros sentidos. Esto es la
“memoria de los sentidos” y comienza ahí y dura hasta que morimos. Con ella somos capaces de mostrar nuestras
necesidades, placeres, gustos y disgustos, deseos y aversiones.
Nuestros
sentidos son un tamiz por el que se cuelan las informaciones de nuestro mundo
exterior. Así cada color, imagen,
sensación, se inscribe una zona determinada del cerebro y una vez asimilada se
guarda en nuestra memoria.
¡Impresionante
modelo de comunicación son los sentidos!
Con
nuestros sentidos relacionamos conceptos e ideas ya vividas y aprendidas. Todo ello nos provoca una catarata de
emociones que se transforman en una experiencia de vida.
Todo
“nos entra” por los sentidos….
Vamos a
hacer un ejercicio.
Recuerda
un momento que te agrade, un instante, y
trata identificar qué sientes, qué ves, que hueles, qué sientes, qué oyes.
¿Ves?
Recuperas
de la memoria lo que percibiste con tus sentidos.
De vez
en cuando…
¡Para y
sé consciente de lo que sientes!
¡Es un
placer!
Haz la
prueba y me cuentas.
Almudena Alcaide Martín
Salud Emocional



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