Capacidad de amar. El árbol familiar

 


“Se necesita valor para abrir y sanar áreas de profunda vulnerabilidad”

 




 

Con mucha frecuencia, tal vez demasiada, me encuentro con personas que se encuentran tristes y abatidas por no sentirse queridas. Tal vez no saben poner fecha, etapa o circunstancias a ese desamor, pero, al final, casi siempre llegamos a la infancia.
La verdad que nuestra infancia nos marca mucho a todos y tal como se haya desarrollado seremos unos adultos más o menos seguros, fuertes, independientes o, todo lo contrario.

En todas las familias hay distintas situaciones y en algunas estas situaciones son muy, muy difíciles.  Por distintos motivos es posible que algunos padres hayan de alejarse de sus hijos, dejarlos en manos de sus abuelos, hermanos o incluso en instituciones gubernamentales.

En otros casos sencillamente los padres no muestran amor a esos hijos con todo lo que ello conlleva de negativo para los pequeños.

De todas formas y en todas situaciones adversas, es muy duro para la persona que lo sufre, creando adultos dolientes que vuelcan su frustración y su rabia siempre que pueden y muchas veces allá dónde no deben.

Pero por otro lado sucede, aunque no podamos entenderlo cuando lo sufrimos, que la persona que ejerce este distanciamiento también lo pasa mal, también tiene una serie de elementos que le llevan a definir determinadas actuaciones.  No estoy excusando a nadie, no.  Simplemente decir que cuando entendemos esto, nuestra carga es algo más ligera.

Durante mucho tiempo las personas que han sido “abandonas”, alejadas, rechazadas, de alguna manera, se preguntan por qué y muchas llegan a culparse pensando que son ellas la causa de ese abandono.  ¡De todo hay! Y todo duele

Sin embargo, me alegra decir que gran parte de esas personas, cuando ya son adultas y viven y trabajan ese árbol familiar que en principio no es el que ellas hubieran deseado, de algún modo entienden a sus mayores y las circunstancias que vivieron para actuar como lo hicieron.

¿Resuelto el desamor, la tristeza, el abandono?

¡No!, ni mucho menos.

El camino no es fácil y cuando hacemos ejercicios sobre este viaje aparece el llanto, la rabia, la incomprensión, la tristeza, la pena, el deseo de que todo hubiera sido de otro modo.   En definitiva, es una especie de duelo el que se trabaja con estos estados vivenciales, que al final hace grande, grande, a esos niños que se sienten abandonados, dejados a un lado de sus padres, hasta el punto de mirar a estos, a sus padres con otros ojos y darles las gracias.

En todos los casos es un camino complicado y doloroso, pero la recuperación es hermosa, generosa, compasiva y amorosa.

De esto se trata de aplicar el amor y sólo el amor en la recuperación y estos niños, hoy ya adultos, no queridos en sus distintas formas y vertientes, muchos, muchos, con este gran trabajo y esfuerzo emocional…

¡Lo consiguen!

Son ahora adultos que viven su realidad desde ahí, desde el entendimiento y el amor.   No hay más cuestiones, no hay más reproches, no hay más dolor.  Todo fue como fue y si fue de esa determinada manera…. siempre, siempre es para aprender

¿Complejo, difícil, duro.... Sí

El trabajo de recuperación…. Apasionante……¡Claro que sí!

Trabajar desde el amor nos abre caminos que, en un principio, creíamos intransitables.

¡Haz la prueba!

¡Te sorprenderán los resultados!

 

Almudena Alcaide Martín

Salud Emocional

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