Pobre Escucha

 


“El gran problema de la comunicación es que no escuchamos para comprender, escuchamos para responder”

Anónimo

 

“Si usted habla en vez de escuchar nunca sabrá cuáles son las situaciones que requieren verdaderamente su atención”

James A. Autry


 



Atropellada y absoluta. No hay modo de intervenir en la conversación. Habla, habla y habla y además cuando le devuelves el comentario, respondes u opinas sobre lo que está diciendo, no escucha. ¡No le importa nada de lo que digas!  Y, es más, si yo hablo o saco un tema que no tenga nada que ver con lo que ella dice, se acabó. Ahí terminó la conversación. Sencillamente es ella y sólo ella.

Es como si fuera una ametralladora disparando palabras sin más, sin ningún fondo, sin ganas de participar conmigo en nada.

 

Evidentemente esto no es comunicación. Este episodio me lo comentaba Ella de una persona conocida con la que entablar una conversación se hace imposible.  Esta situación, cada vez que se encontraba con ella o quedaban, acababa desgastando su paciencia, porque hablar con esa persona era no hablar, sólo escuchar y malamente, sin participar, sin intervenir, sin responder hasta el punto que aquello deja de ser una conversación para que una de las partes, en este caso Ella, se convierte en un receptor de sonidos.

Es verdad que la actividad de escuchar es fundamental en el proceso de la comunicación interpersonal. Pero la comunicación no sólo es escuchar, es participar y esto se hace a través de la transmisión, la recepción o escucha y la retroalimentación.  En este sentido con este tipo de persona esto no existe.

Pero vamos más allá del hecho de la comunicación. ¿Qué le lleva a una persona a “funcionar” así? ¿Qué le lleva a una persona a hablar, hablar y habla sólo de ella y para ella?

Este tipo de personas son y están excesivamente centradas en sí mismas, lo que se traduce en querer y pretender ser el centro de atención en todo momento. Esto a su vez determina o señala una auto-observación exagerada y una carencia de empatía absoluta.  Están pendientes de recibir y nada en dar.  Son quejumbrosas e insaciables en su conquista. ¡Nada les llena! Y esto sucede porque en realidad están vacías, vacías de afecto y amor.

En definitiva, esto es lo que subyace en el fondo de este modelo de comportamiento lo que les lleva a un continuo reclamo afectivo y a no soportar la soledad.  Son “pegajosos” y “asfixiantes”, hasta el punto que los que los conocen y saben de ellos tratan de evitar su compañía.

Como en tantas ocasiones trabajar la autoestima es fundamental para la mejora de estas situaciones.  La persona ha de aprender a conocerse y entender que tiene un problema por pequeño que sea y a partir de ahí, empezar el camino al bienestar y la armonía.

¿Se puede corregir este comportamiento?

¡Claro que sí!

¿Qué hacer?

Pues varias cosas.  Acudir a un terapeuta, pedir ayuda emocional,  y  para este tipo de personas es muy eficaz y conveniente que se ayuden con Flores de Bach. HEATHER es la flor tipo que acompaña en la recuperación a este modelo de comportamiento.

 

 

Almudena Alcaide Martín

Salud Emocional

 

 

 

 

 

 

 

 

Almudena Alcaide Martín

Salud Emocional

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