La envidia

 



"La envidia es una declaración de inferioridad" 

Napoleón





Hondo, muy hondo es el pozo que horada la envidia en el alma de quienes la sufren.  Es una emoción que crece como la espuma ante el deseo del bien ajeno y la necesidad de poseer aquello que no se tiene.

La persona envidiosa no deja de compararse con el otro, con el resto del mundo, pero sobre todo con los más cercanos: amigos, familiares, conocidos, compañeros; incluso con su propio núcleo familiar: hermanos, hijos…, produciendo un estado de continuo de rencor, odio y malos deseos para aquellos sujetos de su envidia.

Lo miremos por donde lo miremos esta emoción señala en la persona que la padece unos niveles de autoestima muy bajos aunados en un sentimiento de inferioridad profundo que a su vez le hacen permanecer el victimismo. 

·       De esta situación la culpa la tienen mis orígenes, mis padres, mi familia.

·       No asciendo en el trabajo porque fulanito ha hecho trampas, se ha puesto delante de mí.

·       ¿Por qué tal persona puede tener tal cosa y yo no?

 

Podemos decir que las emociones son involuntarias, que no se planifican y que son ajenas a la voluntad. Yo no estoy de acuerdo con esta reflexión. En principio puede que se den de esta manera y no en todos los casos y no en todos los seres humanos. Pero si de lo que se trata es de ser felices y mantener nuestra salud física, mental y emocional, ¿por qué mantener esta emoción?, porque evidentemente llega un momento en que somos plenamente conscientes de que estamos inmersos en la envidia. ¿De qué vale seguir sufriendo?

A mi entender y como casi siempre, hay un mar de fondo. Los seres humanos no somos blanco o negro. Del uno al otro pasan todos los colores y sus matices pintando nuestra alma, nuestra mente y nuestro cuerpo. Sucede entonces que la envidia indica un estado agudo de frustración en aquellos que la sufren y esto no hace más que socavar más y más todas las emociones, elevando a la luz aquellas negativas que la potencian, como el rencor, el odio, el abatimiento, la desazón y la desesperanza por sentirse incapaces de conseguir aquello que anhelan.

 

¿Cómo ayudarte?

·       Limpiarnos de envidia necesita primero de todo reconocer que estamos en ella, o ella en nosotros será más preciso decir; e inmediatamente que ya mismo queremos salir de ahí. Para ello fijar nuestra atención en lo que tenemos y no en lo que no poseemos, nos ayudará bastante.

 

·       Toda la pasión que desarrolla la envida en negativo hemos de convertirla en positivo.

 ¡Date cuenta de que fuerza imprime la envidia!

 ¡Del daño que te haces!

  ¡Y si toda esa energía se transformara en bondad!

 Entonces ¡basta ya!

·       La envidia es la única emoción que no queremos reconocer ante nadie ni nada, ni siquiera ante nosotros mismos y con esta venda se convierte en ira que daña a los demás, pero también y mucho a nosotros mismos.

Entonces…

·       Vacía tu cabeza de pensamientos insanos

·       Utiliza tus talentos para hacerte bien

·       Aleja de ti el rencor y la ira

·       Y no pienses ni por un momento que hay envidia sana. La envidia, siempre, siempre es un tumor a extirpar.

 

¡Quiérete!

Aprende a quererte y hazlo bien

 

 

Almudena Alcaide Martín

Salud Emocional

 

 

 

 

 

 

 

 

Almudena Alcaide Martín

Salud Emocional

Comentarios

Entradas populares