Cómo pierdo mi equilibrio emocional
“La felicidad no es una cuestión de
intensidad,
sino de equilibrio y orden, ritmo y
armonía”
Thomas Merton
Hay tiempos en nuestra vida en los
que parece que la serenidad y la armonía nos han abandonado. Empezamos por una cosa que sale mal y a ésta
se van sumando más y más. Nos sentimos
invadidos por varias situaciones que, sin saber por qué, se nos escapan de
control.
La confusión, el estrés, el cansancio
parecen atenazarnos y hasta la más sencilla decisión se nos hace complicada;
incluso lo cotidiano se torna difícil, inaccesible y cuesta mucho avanzar la
jornada cada día.
¡Hemos perdido el equilibrio vital!
¿Qué es lo que hace que esto suceda?
·
Las malas inversiones emocionales.
Sucede que aquello en lo que
hemos puesto el foco del amor, la amistad, el compañerismo, etc. Todo lo
emocional, no nos da los resultados esperados.
Tal vez estemos equivocados o tal vez no deberían ser éstos los objetos
de nuestra atención. El caso es que se
llevan nuestra energía.
De este modo perdemos la
confianza en “el mundo” y nos retrotraemos sobre nosotros mismos haciéndonos un
“ovillo” difícil de desenredar.
¡Hay que volver a tejer de
manera suave y amplia!
·
Las preocupaciones
Todo aquello que
materialmente nos envuelve…. El dinero, la salud física, el bienestar, etc.
Si esto no es como pensábamos
nuestra mente comienza y no para de generar pensamientos recurrentes y
negativos. La carga mental es grande,
grande y el cansancio físico y emocional cubren nuestro ser.
¡Hay que ocuparse, no
preocuparse!
Aprender a resolver es
materia necesaria en este caso. ¡Es un paso de sabios!
·
Las relaciones personales
Esto es una amplificación del
primer punto, porque llevar esa insatisfacción al plano de los afectos más
cercanos…. ¡duele más!
Las relaciones familiares y
de pareja son las que nos dan estabilidad, pero también requieren para su
mantenimiento de un esfuerzo por nuestra parte.
El compromiso, la dedicación, el esfuerzo emocional y un poquito más de
energía, son algunas de las necesidades de estas relaciones. Así pues….
¡Manos a la obra!
·
No tener tiempo para nosotros mismos
Este es un error que
cometemos todos y que acaba con cada uno de nosotros. Es como si el dragón se comiera a sí mismo…
¿De qué vale?
El trabajo, el hogar, la
familia, las relaciones, etc. llaman a nuestra puerta y nosotros pretendemos
estar ahí y además enteros y de buena manera, sin darnos cuenta que para poder
hacerlo así es necesario que tengamos algún momento de relajación, de descanso
o de actividades lúdicas personales, propias que nos ayuden a esta
cotidianidad.
¡Hay que aprender a quererse
a uno mismo.... y hacerlo bien!
Almudena Alcaide Martín
Salud Emocional



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